Analizando al Gracioso

Louis CK

Louis CK

Para los que les gusta la comedia y su historia, este post es algo que deben leer. Estoy inscrito en la lista de correos de Louis CK, uno de mis stand up´s favoritos. Después de casi 30 años de carrera, se ha presentado en teatros, y más recientemente en estadios y arenas, por ejemplo recientemente llenó dos veces el Madison Square Garden haciendo shows para quince mil personas cada uno.

Ahora ha grabado su último show pero en el Comedy Store, un club de comedia en Sunset Boulevard en West Hollywood, California. En el sitio deben caber algunas 200 personas. ¿Porqué decidió volver atrás y grabar este show en este sitio tan pequeño? Para eso envió un correo muy largo por el cual pidió disculpas por ser tan largo, pero que es una historia del stand up comedy desde finales de los años 80 hasta nuestros días.

También explica básicamente porque allá los mejores comediantes son tan buenos. Es básicamente por la frecuencia de trabajo, la importancia de que esto es un gimnasio y mientras más subes a tarima más aprenderás. De eso no hay duda. Me impresionó cuando dijo que a finales de los 80 habían sábados en la noche que hacían 8 shows. Me impresionó cuando dijo que para preparar este último show iba al Comedy Cellar hasta 10 veces por semana. Eso es trabajar un show. Eso es trabajar el stand up comedy. Es un arte que se crea y se forma frente al público, así que párate frente al público y hazlo, literalmente todas las veces que puedas.

Yo voy a hacer una humilde traducción al español, y luego ustedes lo pueden leer más abajo en inglés. A los que saben inglés, siempre es mejor idea leer las cosas en el idioma original en el que fueron escritas.

Adelante Louis:

Hola. Debajo están mis ideas desordenadas sobre mi nueva especial “Louis CK live at the Comedy Store” disponible aquí https://louisck.net/purchase/live-at-the-comedy-store por 5 dólares, en todo el mundo…

Este es mi sexto especial de una hora de duración. La verdad es, me encanta hacer esto. Me salté hacer uno el año pasado y me hizo falta. Este es diferente de los otros recientes. Por un lado, fue grabado en un club en vez de un teatro. Me encanta hacer shows en teatros. Cuando era niño, mi cosa favorita en el mundo eran los especiales de Richard Pryor. La idea de ser un comediante y hacer un especial de estos fue una real meta para mi. Trabajar en un teatro expande tu material y te abre como artista. La presión de trabajar ante miles de personas, encuentro, siempre te hace mejor. Y cada sala de conciertos que he hecho me ha hecho sentir que saco un poco de la historia de ese pueblo o esa ciudad. Todo puede ser muy excitante.

Pero los clubes, los clubes de comedia, es donde nace la comedia y donde el standup comedy realmente vive. Volviendo a Abraham Lincoln, quien fue probablemente el primer comediante de America, los Americanos han disfrutado juntarse en las noches, en pequeñas y apretadas salas (y antes con mucho humo), bebiendo mucho y escuchando a cada uno decir cosas locas, tontas, erróneas, sin importancia, desagradables, ofensivas y también deliciosas. A veces en formato largo, hipérbolas con la cara roja, a veces de manera circular, con argumentos falsos de maldad. A veces con una verborrea muy bien elaborada, y con excelente tiempo. A veces con poesía. Una línea, una línea menos, la mitad de la idea. La mitad de la verdad. Nada de verdad. Amplias y equivocadas generalizaciones pero que son hilarantes, prejuicios exagerados, y críticas de nada y todo, mientras una pareja comparte una jarra de sangría, y una mesa de amigos pide ronda tras ronda de cerveza. Estas mujeres de acá están bebiendo vodka y cranberry. Este tipo bebe soda y se sienta solo. Él realmente vino por la comedia. Es un club. Es un bar. Es un bar nocturno. Nadie aquí está siendo responsable. Estas son las cosas que hacemos cuando terminamos de trabajar y somos ciudadanos. Vamos a un club de comedia y pagamos un poco de dinero para reírnos más fuerte que lo que nos reímos en cualquier otro sitio.

Ese es el standup comedy que he hecho por casi 30 años. He trabajado en teatros y arenas por los últimos nueve de esos treinta años, pero la cantidad de horas que he pasado en el escenario de un club, es mayor que les que he pasado en un teatro por mucho más de lo que pudiera imaginarme.

He estado en escenarios de clubes de comedia probablemente más de lo que he estado en cualquier otro lugar en toda mi vida. Comencé en Boston, en sitios donde comenzaron grandes comediantes antes de mi, como Steve Sweeney, Steven Wright, Barry Crimmins, Ron Lynch, Kevin Meany, Don Gavin, en 1985 cuando era de 18 años de edad. No fui al college (todavía me arrepiento), trabajé trabajos malos (nunca me arrepentiré de eso) y pasé cada noche en cualquier comedy club de Boston que me dejaban estar. Miraba cada uno de los comediantes y rogaba para que me dejaran estar en el escenario.

En 1989 me mudé a New York. Descubrí un ambiente de clubes de comedia que estaba surgiendo con fuerzas, donde podías literalmente hacer 8 shows un sábado por la noche. (Recuerdo que Ray Romano se llevó el record haciendo 9 shows en una noche).

Fue una época gloriosa para los clubes de comedia. Buenos cómicos por todas partes. Colin Quinn. Mike Sweeney. Joy Behar. John Stewart. Charlie Barnett. Ray Romano. Dave Chapelle. Chris Rock. Brett Butler. Brian Regan.

Todos trabajando todas las noches por toda la ciudad. Estaba el Improv en la calle 44. En la Primera Avenida, Catch a Rising Star y al doblar la esquina en la Segunda Avenida, el Comic Strip (todavía ahí). Carolines estaba en el Seaport en ese entonces. Y en el Village teníamos el Comedy Cellar (todavía ahí), y el Boston Comedy Club en el Village Gate.

Me pasé el principio de mis veinte años rebotando de un escenario a otro, desde las 8pm hasta las 4am, cuando Dave Attell, Kevin Brennan, Nick DiPaolo y yo, íbamos a una cafetería a desayunar.

El dinero era terrible. Como 10 dólares por show en la semana, y 50 por show los fines de semana. Cada dos semanas tenías que salir de la ciudad y trabajar en otra ciudad. Atlanta, Columbus, Phoenix, Tampa, por una semana. La mayoría de los clubes te ponían en un condominio detrás del club y trabajabas toda la semana. Martes a sábado, dos shows los viernes, tres shows los sábados. Podías ganar 700 a la semana como show de apertura. Un buen show estelar ganaba 2,500 a 3,000 pero eso era raro. Yo trabajé en clubes de comedia por todo el país creo que recuerdo cada uno de los clubes. Mis clubes favoritos eran los que estaban empapados con ese olor a cerveza, con humedad, con luz baja y el techo bajito. Go Bananas en Cincinnati. The Brokerage en Long Island (todavía ahí), Penguins en Cedar Rapids. The Comedy Underground en Seattle.

Luego estaban las cadenas de los clubes de comedia que siempre eran muy antisépticos (sucias) y suburbanos. Algunos de ellos estaban literalmente dentro de un centro comercial, al lado de un Sunglass Hut. The Improvs, los Funny Bones.

Habían algunos clubes de comedia en el país que eran legendarios. Eso duró hasta la muerte de la comedia en los años 90. Los sitios independientes y verdaderamente geniales, donde todavía podías oler el humo del cigarillo que salía de Bill Hicks. The Acme en Minneapolis. The Punchline en Atlanta. The Punchline (no está relacionada con la anterior) en San Francisco. Cobbs en San Francisco. The Laff Stop en Houston. Zanies en Chicago. Charlie Goodnights en Raleigh. The Comedy Works en Denver. Estos eran las Meccas. Cuando podías conseguir una semana en Acme, sabías que podías conseguir la fuerza de voluntad para continuar por esta mierda por varios meses más. Una semana en The Punchline en San Fran podía conseguirte la semana siguiente en Harvey’s en Portland.

Habían dueños de clubes que eran parte de la historia de la comedia. Sabían como darle forma a la comedia. Mark Babbit, Lewis Lee, Manny Dworman, Lucien Hold, Silver Friedman, Bud Friedman, Ron Osborne, others.

Me pasé la mitad de mis años 20 y 30 trabajando en sitios como estos.

Luego cuando me mudé a Los Angeles, descubrí una escena de la comedia que era creativa y divertida y que también formaba parte de la historia del mundo del espectáculo. Podías ver a Norm Macdonald. Charles Fleicher. Robert Schimmel.

En LA tienen café´s y sitios bien cool como Largo, donde puedes traer tu libreta al escenario y básicamente tratar lo que te diera la gana.

Gente como Andy Kindler, Kathy Griffin, Patton Oswalt, Blaine Capatch, Craig Anton, Laura Kightlinger hacían cosas maravillosas en esos sitios.

A veces yo voy a un escenario como Mbar o Largo y salía con 20 minutos de material nuevo, aplaudido por los jóvenes, de público abierto y que se adapta a la escena “Alternativa”. Pero nunca creí en esos chistes hasta que los llevé al Improv, donde el público promedio y cortaba ese nuevo material a básicamente tres chistes.

Luego estaba el Comedy Store. Yo tomaba los últimos tres chistes que quedaban al Comedy Store en Sunset. Quizás uno de esos podían conseguirte una ligera risa. Y ese único chiste sabía que era el verdadero tesoro de la noche.

Siempre encontré que el Comedy Store era el club más intimidate de mi vida. Era lo que pensaba que eran los clubes de comedia cuando escuchaba a los discos de Lenny Bruce cuando chico. Los sofás y las sillas de vinyl negro, el escenario de formica roja. Andrew Dice Clay en el escenario trabajando para 15 personas con su desafiante odio y al mismo tiempo muy gracioso. The Comedy Store es realmente el mundo del espectáculo. Como Milton Berle con su corbata desamarrado alrededor de su cuello. Ese tipo de mundo del espectáculo. Levanta tu ceja y di “público difícil” ese tipo de mundo del espectáculo. Un tipo que le están dando golpes en el parqueo, ese tipo de mundo del espectáculo. The Comedy Store es donde Pryor echó sus dientes. Letterman luchó para que le dieran unos minutos ahí. George Carlin. Eddie Murphy. Marc Maron me dijo historias de vivir en un apartamento detrás y como Sam Kinison le hizo pipí en su cama una noche. Esto es el Comedy Store. El maravilloso lado oscuro de la comedia.

El Comedy Store es el único club en el país que NUNCA me pasó cuando audicioné. Yo audicioné en muchos clubes pero siempre volvía y al final pasaba. The Comedy Store NUNCA me pasó. Yo simplemente no era adecuado para ellos. No comencé a trabajar ahí hasta que me volví conocido lo suficiente para no necesitar la audición. Hasta que me convertí en uno de esos tipos que simplemente entran a un club y suben al escenario.

Entonces porqué filme mi último especial ahí? No lo se. Quizás porque, después de 30 años haciendo comedia, lo más excitante para mi es subir a un escenario y no estar muy seguro si me va a ir bien. Al día de hoy, cuando trabajo en el Comedy Store, me siento que hay uno de tres chances que me vaya mal. Como que me vaya muy mal. Para alguien de mi edad que lo ha hecho por tantos años, eso es excitante. Entonces por las últimas 4 giras que hice, comencé a hacer shows en el Comedy Store, en su sala principal “Main room” para tomarle el pulso. El personal del club es excelente, y realmente saben como manejar una sala tradicional. Me encantó trabajar con ellos. Pauly Shore y su familia fueron muy agradecidos cuando nos acercamos para filmar el especial allá.

De verdad me siento privilegiado de haber filmado mi especial en este escenario.

Okay, no quise escribir algo tan largo sobre los clubes de comedia. El punto es que preparé el material para este especial en los clubes de comedia. Fui al Celler en New York, y su nuevo club The Village Underground, unas 10 veces por semana, con un viaje ocasional al Gotham Comedy Club y “The Stand” en la tercera avenida. Fui a LA para darle el giro, trabajé en Largo, the Improv y finalmente El Comedy Store, dándole duro a este material en frente del público que va a los shows tarde en la noche en los clubes de comedia. Entonces solo me pareció correcto filmarlo de esa manera.

Eso es todo. Espero disfruten este especial. Por favor vean la película “Boyhood”. Es una gran pieza del cine y literaria. Y lleven a sus hijos a ver “Into The Woods” Les enseña la lección más grande que puedes darle a un niño: si estás prestando atención, la vida es bien confusa.

Gracias.

Louis CK

Aquí va la carta original en ingles.

Hello. So below are my messy thoughts about my new special “Louis CK live at the Comedy Store” available here https://louisck.net/purchase/live-at-the-comedy-store for 5 dollars, all over the world…

So this is my sixth hour-long standup special. The truth is, I really love making these. I skipped doing one last year and I missed it. This one is different from the recent others. For one thing, it was shot in a nightclub instead of a theater. I love doing the theater shows. When I was a kid, my favorite thing in the world was Richard Pryor’s concert films. The idea of being a comedian and doing a “concert” was a real goal for me. Performing in a theater expands your material and opens you up as a performer. The pressure of playing to thousands of people, I found, always makes you better. And every concert hall I’ve played has made me feel like I’m getting a whiff of that city or town’s history. The whole thing can be very exhilarating.

But Nightclubs, comedy clubs, is where comedy is born and where comedy, standup comedy, truly lives. Going back to Abraham Lincoln, who was probably America’s first comedian, Americans have enjoyed gathering at night in small packed (and once smokey) rooms, drinking themselves a bit numb and listening to each other say wicked, crazy, silly, wrongful, delightful, upside-down, careless, offensive, disgusting, whimsical things. Sometimes in long-winded, red faced hyperbole, sometimes in carefully crafted circular, intentionally false and misleading argument. Sometimes in well-chiseled perfectly timed trickery of verbiage. Pun-poetry. One line, one off, half thoughts. Half truths. Non-truths. Broad and hilariously wrongful generalizations, exaggerated prejudices and criticism of nothing and everything while a couple over here shares a pitcher of sangria, this table of guys order round after round of beers. These women over here are having vodka and cranberry. This guy drinks club soda and sits alone. He actually came for the comedy. It’s a club. It’s a bar. It’s late at night. No one here is being responsible. These are the things we do when we are DONE working and being citizens. We go to a comedy club and pay a bit of money to laugh harder than we ever do anywhere else.

That is the standup comedy that I’ve been doing for almost thirty years. I have been working theater (and now arena) stages for the last nine of those thirty years but the amount of hours I’ve spent on a club stage outnumber the theater stage hours by more than I can figure.

I’ve been on comedy club stages probably more than I’ve stood on any other kind of spot in my entire life. I started in the Boston comedy scene, on ground that had been laid by great comedians like Steve Sweeney, Steven Wright, Barry Crimmins, Ron Lynch, Kevin Meany, Don Gavin, back in 1985 when I was 18 years old. I skipped college (still regret it), worked shitty jobs (will never regret that) and spent every single night at any comedy club in Boston I could finagle my way into. I would watch every single comedian and I would BEG to get on stage.

In 1989 I moved to New York. I discovered a bursting comedy club scene, where you could literally do 8 shows on a saturday night. (I remember Ray Romano held the record at 9 shows).

It was a glorious time for standup comedy clubs. Great comics everywhere. Colin Quinn. Mike Sweeney. Joy Behar. John Stewart. Charlie Barnett. Ray Romano. Dave Chapelle. Chris Rock. Brett Butler. Brian Regan.

All working out every night in clubs all over the city. There was the Improv on 44th street. On 1st Avenue, Catch a Rising Star and around the corner on 2nd ave, the Comic Strip (still there). Carolines was on the Seaport then. And in the Village we had the Comedy Cellar (still there), the Boston Comedy Club and the Village Gate.

I spent my early twenties bouncing from one stage to the other, from 8pm till about 4am, when Dave Attell, Kevin Brennan, Nick DiPaolo and I would head to a diner and eat breakfast.

The money was terrible. About ten dollars per show on the weeknights, fifty a show on the weekends. So every other week you had to leave town and work in another city. You’d go live in Atlanta, Columbus, Phoenix, Tampa, for a week. Most clubs would put you up in a condo behind the club and you’d work the whole week. Tuesday thru Sunday, two shows Friday, three shows Saturday. You could make about 700 a week as an opening act. A good headliner might make 2500 or 3,000 but that was rare. I worked in comedy clubs all over the country and I think I actually remember every single club. My favorite clubs were the smelly little beer soaked places with dim lighting and low ceilings. Go Bananas in Cincinnati. The Brokerage in Long Island (still there) Penguins in Cedar Rapids. The Comedy Underground in Seattle.

Then there were chain comedy clubs that were always too antiseptic and suburban. Some of them were literally inside of a mall next to a sunglass hut. The Improvs, the Funny Bones.

There were some comedy clubs around the country that were legendary. That lasted out the death of comedy in the 90s. The independent and truly great rooms where you can still smell the cigarette smoke exhaled by Bill Hicks. The Acme in Minneapolis. The Punchline in Atlanta. The Punchline (not related) in San Francisco. Cobbs in San Fran. The Laff Stop in Houston. Zanies in Chicago. Charlie Goodnights in Raleigh. The Comedy Works in Denver. These were the Meccas. When you could get a week at Acme, you know you could continue having the will to do this shit for another few months. A week at the Punchline in San Fran could get you through the next week at Harvey’s in Portland.
There were club owners that were part of Comedy History. Who knew how to shape comedy. Mark Babbit, Lewis Lee, Manny Dworman, Lucien Hold, Silver Friedman, Bud Friedman, Ron Osborne, others.

I spent all of my mid to late 20s and thirties working out in places like these.

Later when I moved to Los Angeles, I discovered a scene out there that was creative and fun and also steeped in show business history. You could see Norm Macdonald. Charles Fleicher. Robert Schimmel.

In LA they have coffee houses and very cool rooms like Largo, where you can bring your notebook on stage and try just about anything.

People like Andy Kindler, Kathy Griffin, Patton Oswalt, Blaine Capatch, Craig Anton, Laura Kightlinger did outrageous stuff in those rooms.

I would sometimes go on stage at places like Mbar or Largo and come out with twenty minutes of new material, cheered on by the young, open and adaptive crowds of the “alternative” scene. But I never believed those jokes until I took them to the Improv, where the more average and basic character of the audience would cut the new material down to about three jokes.

And then there was the Comedy Store. I would take the last three remaining jokes to the store on Sunset. Maybe ONE of those would get a chuckle. And that joke, I knew, was the true treasure of the night.

I have always found the Comedy Store to be the most intimidating club of my life. It is what I thought comedy clubs to be when I listened to Lenny Bruce records as a kid. The black vinyl couches and chairs, the red formica stage. Andrew Dice Clay on stage playing to fifteen people in open defiance of their hatred and funny as hell. The Comedy Store is really show biz. As in Milton Berle with his bow tie undone around his neck show business. Mop your brow and say “tough crowd” show business. A guy being beaten up in the parking lot show business. The Comedy Store is where Pryor cut his teeth. Letterman fought to get spots there. George Carlin. Eddie Murphy. Marc Maron told me stories about living in the apartment behind the Store and how Sam Kinison pissed on his bed one night. This is the Comedy Store. The wonderful dark side of comedy.

The Comedy Store is the only club in the country that NEVER passed me when I auditioned. I auditioned at many clubs where I didn’t pass but I always went back and finally did pass. The Comedy Store NEVER passed me. I just wasn’t right for them. I didn’t start working there until I became well known enough to circumvent the audition process. Until I became one of those guys who can just walk into a nightclub and go on stage.

So why did I shoot my new special in this place? I don’t know. Maybe because, after thirty years of doing comedy, the most exciting feeling for me is going on stage, not entirely sure it’s going to go well. To this day, when I work at the Store, I feel there’s a one in three chance I might bomb. Like bomb hard. To a guy my age who has been doing it this long, that is exciting. So over the last tour I did this year, I started doing shows at the Comedy Store “Main room” to feel it out. The staff of the club is excellent and they really know how to run a traditional room. I loved working with them. Pauly Shore and his family were very gracious when we approached them about shooting my special there.

I really feel truly privileged to have shot this special on that stage.

Okay I didn’t mean to write such a long thing about comedy clubs. The point is I prepared the material for this special on club stages. I went to the Cellar here in New York, and their new club, The Village Underground, about ten times a week with the occasional trip uptown to Gotham Comedy Club and “The Stand” on third avenue. I went out to LA to put that spin on it, working Largo, the Improv and finally the Comedy Store, hammering this stuff together in front of late night comedy club audiences. So it only seemed right to shoot it that way.

That’s all. I hope you enjoy the special. Please see the movie “Boyhood”. It’s a great piece of filmmmaking and even literature. And take your kids to see “Into The Woods” It teaches the greatest lesson you could teach a kid: If you are paying attention, life is very confusing.

Thanks.

Louis CK

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