Coheticos chinos

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Coheticos chinos

Yo era metálico como de los 15 a los 19 aproximadamente. Andaba con camisas de grupos metálicos, cabello largo, pulseras de puya, etc.

Los conciertos de metal a veces se caracterizaban por sus producciones de bajo presupuesto (es la forma correcta de decirlo en esta revista, aunque lo preciso es decir “una rastrería de conciertos”), que ese fue el caso de la vez que fuimos a “El último mosh del año”. Mosh es cuando la gente comienza a brincar y a empujarse sin ninguna razón, salvo que los oídos están casi reventando y el cuerpo tiene que hacer algo para botar toda esa energía y estrés que está acumulando, por tener una música puesta como a un millón de decibeles, además de la que ya tenemos acumulada por el simple hecho de ser adolescentes. Es bien bonito y relajante.

Era en el Club Mirador, 27 de diciembre probablemente del 1998, y al llegar vemos medio cartón de una caja de pizza enterrado en uno de los hierros de la puerta de entrada que dice “El último mosh del año se suspendió porque aquí hay una boda”. Surrealista pero cierto, lo cual confirma mi descripción de estos eventos en el párrafo anterior.

Todos adolescentes y metálicos al ver esto decimos “¿y ahora cómo vamos a quemar toda esta energía que tenemos dentro, suficiente para construir una casa de 3 pisos en 40 minutos?”. Alguien dice: “yo tengo un amigo que vive cerca, vamos a su casa”. Vamos donde Carlos Federico (el mismo Carlos del que hablo en una edición anterior con un percance con tarjetas de amor y amistad), y él dijo las peores palabras que se pudieran decir en una situación como esa “hey, yo tengo guardado muchos coheticos chinos”. Son las peores palabras porque nuestra respuesta fue “brillante idea, genial, que bueno que tienes este amigo cerca, de hecho me cae muy bien ahora, es un tipo que está claro en la vida”.

Entonces a las once de la noche salimos a ver cuál pudiera ser la más bellaca situación en que pudieran usarse esos coheticos. Después de varios intentos, como una luz bajada del cielo, apareció la situación: La ventana de una casa donde estaban viendo televisión. Ponemos 4 coheticos. Después de la explosión salimos todos corriendo muertos de risa, yo voy delante y alguien dice: “doblen, doblen”, parte de estas travesuras es hacernos maldades a nosotros mismos, yo voy delante y doblo a la derecha, los otros 10 doblan a la izquierda. Me veo solo pero no puedo devolverme, y sigo corriendo mientras digo “esos imbéciles, idiotas, estúpidos, más tarde nos juntamos”. Me meto en un garaje detrás de un carro. Después de un rato salgo a buscar al grupo y voy pitando para que me respondan. Del otro lado de la esquina me devuelven el pito, digo “ahí están”. Tan pronto doblo veo dos seres humanos tan grandes como cualquier patana del puerto de Haina. Me tiemblan las canillas. Del otro lado aparecen mis amigos y una de las dos murallas vivientes grita: “aquí están todos”, yo digo “yo no los conozco, no ves que yo ando solo”, como era obvio él me dice “si claro, vengan todos”. Yo privando en actor mantuve ese personaje hasta el final.

Nos llevaron a su casa y a mi amigo Davy le dicen al pobre “mételo en la casa que es el más rubio y bonito, y llama a la policía”. Nosotros por solidaridad nos quedamos a ver cómo “majan” a Davy, para que él sienta que sus amigos están ahí para llevarlo a la clínica. Yo sigo con mi personaje y le pregunto a mis amigos “¿hey cómo tu te llamas? ¿qué fue lo que ustedes hicieron?”.

Después de un rato, los hombres de buen corazón, nos dijeron luego que querían darnos un susto por esa travesura y que nos vayamos. Todo el mundo pidió perdón, agradecimos, yo le dije a mis amigos “hey mucho gusto señores, cuídense”, mis amigos me dijeron “loco ya cállate con esa estupidez, ese hombre está clarísimo que andamos juntos”. Ahora que lo pienso fue realmente muy estúpido.

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